Durante, Semanas 1 - 12

Varices uterinas

SÍNDROME DE CONGESTIÓN PÉLVICA

Cuando pensamos en varices, lo primero que acude a nuestra mente son unas venas azules que afean las piernas o los brazos y nos hacen sentir mal en cuanto a nuestra apariencia.

Sin embargo, hay otras zonas del cuerpo en las que pueden aparecer las venas varicosas. Por ejemplo, en el útero, un sitio en el que normalmente permanecen ocultas hasta que algún examen médico las saca a la luz.
Otra forma de llamar a las venas varicosas del útero es: Síndrome de congestión pélvica”.

¿Qué son las várices?

Normalmente las venas son las encargadas de transportar la sangre que ha sido utilizada por nuestro cuerpo para alimentarse y oxigenarse, de vuelta hacia el corazón para volver a oxigenarse en su pasaje por los pulmones.

En el caso de nuestras piernas, éstas deben trabajar en contra de la gravedad, porque la sangre hace un recorrido “hacia arriba”, motivo por el cual disponemos de un sistema de válvulas en nuestras venas para que el recorrido siempre sea unidireccional, hacia el corazón.

Cuando estas válvulas están enfermas o no existen, como ocurre en algunas personas, la sangre tiende a estancarse y a distender y agrandar las venas que más soportan el peso de la gravedad: en piernas, recto (hemorroides) y a veces en vulva y útero.
Cuando se distienden y agrandan, se dice que son “venas varicosas”.

Incidencia

Esta enfermedad es más frecuente en las personas con exceso de peso y es 4 veces más frecuente en la mujer que en el hombre.
Este síndrome (conjunto de síntomas que describen un padecimiento), afecta aproximadamente a un 15% de las mujeres.
Aunque las várices pélvicas aparecen sobre todo en mujeres con edades comprendidas entre los 30 y 50 años que han tenido al menos un embarazo, también pueden sufrirla las mujeres jóvenes.

Causa:

Se desconoce la causa exacta del Síndrome de Congestión Pélvica. Pero las causas que se consideran como posibles pueden ser:

Fisiológicas: Durante el embarazo, existe un aumento significativo de la sangre y del peso corporal y se piensa que estos dos factores dañan a las venas que se llenan de sangre. Tanto en las venas varicosas de las piernas como en las del útero las válvulas de las venas que ayudan al regreso de la sangre hacia el corazón en contra de la gravedad, se debilitan y no cierran en forma apropiada.
Con el tiempo, las venas se distienden y la condición va progresando porque las válvulas venosas se han destruido.
En la pelvis, las venas varicosas causan dolor y afectan al útero, los ovarios y la vulva.

Estrógenos: Se sabe que los estrógenos debilitan las venas y durante el embarazo el aumento de estrógenos juega un papel importante en el desarrollo de venas varicosas. Es quizás esta la razón del por qué los hombres no tienen este síndrome.

Anatómicos: algunos investigadores piensan que puede haber algunos cambios en la anatomía de las venas y otras estructuras en la pelvis que pueden hacer que sean más susceptibles a que se dañen y se desarrollen las várices.

Se conocen algunos factores de riesgo que favorecen la aparición de várices pélvicas:

  • Dos o más embarazos.
  • El uso de anticonceptivos hormonales.
  • Las infecciones en esta zona.
  • La herencia genética y los cambios hormonales.

¿Qué sucede durante el embarazo?

El sistema venoso, durante el embarazo, es particularmente sensible por tres factores que conspiran contra el normal retorno de la sangre al corazón.

  1. Aumento de la progesterona
  2. Incremento del flujo venoso
  3. Compresión del útero grávido

Aumento de la progesterona: Es el primer factor que hace su aparición desde los primeros días de la concepción y a partir de allí va incrementándose paulatinamente hasta el momento del parto, en que llega a su máxima concentración. Esta hormona es la encargada de asegurar las condiciones fisiológicas para la implantación del óvulo y su supervivencia.
La progesterona ejerce un potente efecto dilatador sobre la pared venosa. Es decir que las venas comienzan a dilatarse, provocando síntomas de pesadez y cansancio, que se exacerban durante el transcurso del día y aún más en épocas de temperaturas elevadas.

Incremento del flujo venoso distal: A partir del segundo trimestre del embarazo se incrementa el flujo de sangre proveniente del útero gestante que, a través de las venas uterinas, “desemboca” en la vena cava. Este aumento del volumen sanguíneo provoca un enlentecimiento del flujo sanguíneo distal ya que la vena cava es la que recolecta además la sangre proveniente de los miembros inferiores.

Compresión del útero grávido: A los dos factores anteriormente mencionados se suma, en el último trimestre, este tercer factor que es la compresión del útero gestante sobre la vena cava, dificultando aún más el retorno de la sangre al corazón. En este período, se acentúan los síntomas de pesadez y cansancio, agregándose frecuentemente dolor e hinchazón de piernas, especialmente si la mujer ha tenido várices antes de la concepción.
Es así como desde el primer momento de la gestación se deben tomar las medidas preventivas destinadas a evitar la aparición o el agravamiento de la patología varicosa y sus complicaciones.

Síntomas

Poco se ha escrito acerca de este síndrome, pero las venas se pueden agrandar y torcer lo que puede causar un gran dolor en la pelvis, crónico en algunas mujeres.
Sus síntomas pueden ser:

  • Dolor que comienza entre siete y diez días antes del periodo.
  • Dolor que no es fijo en un solo lugar.
  • Dolor pélvico que empeora al sentarse o al levantarse.
  • Dolor en la parte baja de la espalda.
  • Dolor en las piernas.
  • Dolor durante la actividad sexual.
  • El dolor disminuye al acostarse.
  • Cansancio general constante y depresión.

El dolor aumenta después de la actividad sexual, durante la menstruación, cuando estás parada o cansada y en el embarazo.

Diagnóstico

El diagnóstico del Síndrome de Congestión Pélvica es un diagnóstico de exclusión. Esto quiere decir que tu médico investigará otras causas de dolor pélvico. Puede ser un diagnóstico difícil ya que el principal síntoma, el dolor, no está fijo en una sola área (un día puede doler del lado izquierdo y al siguiente es en el derecho). Las venas pueden dilatarse por estar comprimidas por un útero agrandado, por fibrosis o por compresión de los músculos pélvicos.
El médico puede no llegar al diagnóstico de congestión pélvica porque la mujer generalmente se acuesta para que le realicen el examen pélvico y, en esa posición, las venas no están tan distendidas como cuando la mujer está parada por lo que el dolor cede.
Después de un examen pélvico completo, este síndrome puede diagnosticarse por medio de algunos estudios de imagen, mínimamente invasivos, que ayudarán también a excluir otras posibles causas.

Rayos X: Por medio de un examen radiológico  especial en donde se inyecta una tintura opaca a los Rayos X en las venas pélvicas y se toman inmediatamente las placas de Rayos X. A este estudio se le llama “venografía pélvica”.

Resonancia magnética: puede ser el mejor estudio para llegar al diagnóstico. No utiliza radiación ni tintes colorantes y es indolora, pero es importante que se haga en la forma específicamente adaptada para ver los vasos sanguíneos de la pelvis.

Tomografía: se utiliza frecuentemente, puede verse toda la anatomía de la pelvis e identificar las venas varicosas. Se asocia con exposición a Rayos X por lo que no se utiliza durante el embarazo.

Ultrasonido pélvico: generalmente no es muy útil para el diagnóstico a menos de que se haga con la persona en posición parada. Este estudio puede servir para excluir otras posibles causas.

Ultrasonido transvaginal: esta técnica se utiliza para tener un mejor panorama de la cavidad pélvica. Al igual que con el ultrasonido anterior, no es muy útil para ver las venas a menos de que se haga con la mujer en posición parada pero ayuda para excluir causas.

Tratamiento

Cada vez existen más tratamientos alternativos a la cirugía tradicional como el láser o la esclerosis, menos agresivos y con mejores resultados.

Lo mejor es que si tienes sospechas o padeces alguno de los síntomas descritos, acude a un especialista cardiovascular para que te examine y en caso de que el diagnóstico sean várices pélvicas, él te indicará el mejor tratamiento.

Si pensamos que podemos tener venas varicosas en el útero, tendremos que ir a consulta médica para confirmar nuestras sospechas y discutir el tratamiento. Aunque este tipo de varices no suelen ser peligrosas, a veces pueden provocar complicaciones durante el embarazo. Por lo tanto, si estamos planeando tener un bebé, siempre es buena idea hacernos una revisión antes.

Los médicos controlan las varices en el útero de forma rutinaria en la mayoría de las mujeres, especialmente en las embarazadas. Si tu médico te advierte de que las tienes, pero no te sugiere ningún tratamiento, lo más probable es que no tengas nada de qué preocuparte. Aún así, lo mejor es que te sometas a revisiones periódicas para asegurarte de que el problema no ha ido a más.

En la actualidad no se utilizan medicamentos para el tratamiento y únicamente el médico recomendará algún analgésico para el dolor.

Prevención de várices en la embarazada

  • Evita el uso de ropa ajustada a nivel de la ingle, especialmente pantalones.
  • Evita la posición de pie (por ejemplo, realizar el planchado de la ropa estando sentada).
  • Evita los baños demasiado calientes, especialmente los de inmersión.
  • Reposa 2 a 3 veces por día con las piernas elevadas, facilitando el retorno venoso.
  • Duerme de costado para disminuir la compresión del útero grávido sobre la vena cava.
  • Realiza caminatas diarias, a fin de facilitar la circulación.
  • La embarazada que trabaja sentada, debe realizar frecuentemente ejercicios de dorsiflexión del pie sobre la pierna, provocando la contracción de los músculos de la pantorrilla, incrementado de esta manera el retorno venoso. También es conveniente que regularmente se levante y camine algunos minutos.
  • Muy importante es el control del peso a fin de no agregar a los trastornos anteriormente citados el sobrepeso, que es de por sí factor desencadenante de complicaciones varicosas.
  • La realización de ejercicios adecuados al embarazo son muy convenientes, salvo contraindicación del obstetra.
  • Sigue una dieta que permita evitar el estreñimiento.
  • Evita el cigarro.

Ejercicios recomendados:

En casa

Parada:

  • Sobre las puntas de los pies descalzos, caminar con pequeños pasos durante 5 minutos.
  • En posición “firmes” levantarse sobre la punta de los pies y luego bajar lentamente. Repetirlo 20 veces.

Acostada en la cama:

  • Levantar las piernas y bajarlas lentamente. Hacerlo en forma progresiva, hasta que puedas lograr 3 series de 10.
  • Mover las piernas tipo bicicleta. Hacerlo 50 veces.
  • Girar lo pies hacia adelante y hacia atrás. Hacerlo 30 veces.
  • Girar los pies de afuera hacia adentro. Hacerlo 30 veces.
  • Mover los dedos hacia adelante y luego hacia atrás. Hacerlo 30 veces.

En el trabajo:

  • Si trabajas mucho tiempo sentada, sin interrumpir las tareas, puedes realizar los siguientes ejercicios, sentada con los pies apoyados en el piso:
  • Levanta la punta de los pies.
  • Levantar los talones.
  • Estirar y elevar cada pierna
  • Con la pierna elevada, girar el pie en sentido de las manecillas del reloj y al contrario.

Referencias

El sistema inmune del recién nacido y la importancia de la leche materna
Complicaciones de parto / Postparto, El bebé, Embarazo

El sistema inmune del recién nacido y la importancia de la leche materna

Introducción

El sistema inmune del recién nacido

Durante el embarazo, el sistema inmune de la madre debe ser regulado para que el bebé no sea rechazado y para que el bebé pueda crecer dentro de ella. Lo interesante es que el bebé también desarrolla, a lo largo del embarazo, su propio sistema inmune.

Entonces, tenemos dos sistemas de defensa, de dos individuos diferentes, cohabitando en el cuerpo de la madre. Para que esto pueda ser posible, y no haya rechazo entre el sistema inmune de la madre y el del bebé, el sistema inmune de la madre es regulado, y el sistema inmune del bebé tarda en madurar.  Por esto, cuando nace un bebé, su sistema inmune no está en las mejores condiciones. De hecho, el sistema inmune del bebé no alcanza todo su potencial  hasta los dos años de vida.

El sistema inmune del recién nacido

El sistema inmune del recién nacido podría considerarse como inmaduro porque sus órganos, como los ganglios y el bazo, no están aún bien organizados al nacimiento. Además, algunas de sus células no tienen todos los receptores que se necesitan para montar adecuadas respuestas contra los microorganismos patógenos.

La progesterona presente durante el embarazo contribuye a regular el sistema inmune de la madre para que no rechace al bebé pero también participa en promover una disminución en las respuestas inmunes del recién nacido (1).

Al nacimiento, los recién nacidos no tienen una adecuado funcionamiento de las células que conocemos como “natural killers” (células asesinas naturales), ni de los linfocitos que llamamos “cooperadores” (son las células coordinadoras de las respuestas inmunitarias), los cuales nos protegen contra infecciones virales y bacterianas.

Esto hace al recién nacido más susceptible de adquirir una infección durante los primeros meses de vida (2). Además, las células dendríticas (células especializadas del sistema inmunológico), que son las encargadas de presentar los microorganismos a los linfocitos, no funcionan adecuadamente en el primer mes de vida y las respuestas de los linfocitos tienden a ser menos agresivas (son respuestas que llamamos de tipo Th2) (3).

La capacidad de los macrófagos (unas de las células que forman parte de nuestra primera línea de defensa) para  eliminar bacterias a través de la fagocitosis (la ingestión de partículas) también está  disminuida  en los neonatos, porque los receptores que detectan a los microorganismos no funcionan adecuadamente (4).

Aunque el número de linfocitos totales del recién nacido está incrementado desde el nacimiento hasta el quinto mes de vida, la función de estos tampoco es perfecta. Los linfocitos B tienen dificultad para hacer diferentes tipos de anticuerpos.

Al nacimiento, el recién nacido tiene anticuerpos de tipo IgG provenientes de la madre (los anticuerpos son específicos para cada tipo de antígeno y se les conoce también como Inmunoglobulinas: Ig), que pasaron a través de la placenta desde la semana 20 de gestación y estos anticuerpos lo protegen durante el primer mes de vida. El bebé, después de su nacimiento, puede producir anticuerpos de tipo IgM (son el tipo de anticuerpos que se forma en la fase aguda de una infección), pero su sistema inmune no produce adecuadamente anticuerpos de otra clase hasta varios meses más tarde.

Por ejemplo, los niveles de anticuerpos de tipo IgM (los que se producen  durante la fase aguda de una infección)  alcanzan los niveles del adulto al año de edad; los anticuerpos IgG (los anticuerpos que consideramos como de memoria y se producen después de la fase aguda de una infección) alcanzan los niveles del adulto a los 5 años y los anticuerpos IgA (anticuerpos importantes para protegernos contra microorganismos en el intestino, las mucosas genital y respiratoria) no alcanzan los niveles del adulto hasta la adolescencia (5).

El sistema inmune del recién nacido tampoco responde de manera ideal contra bacterias que tienen cápsula de carbohidratos, hasta que el bebé cumple los dos años de vida. Por esto, es muy importante que los bebés menores de 2 años reciban todas las vacunas que protegen contra las bacterias que llamamos “encapsuladas” (que tienen cápsula de carbohidratos). Algunas bacterias encapsuladas son Haemophilus influenzae y Streptococcus pneumoniae.

¿Qué podemos hacer?

El bebé recién nacido debe ser protegido mientras su sistema inmune alcanza la madurez. Pero no debemos alarmarnos. Aunque el sistema inmune del bebé esta inmaduro, aún tiene muchos elementos funcionando para que el bebé pueda defenderse. Además, la naturaleza es muy sabia y para complementar la inmadurez del sistema de defensas del recién nacido, nos ha dado la leche materna. Esta leche es el complemento perfecto para el sistema inmune inmaduro del recién nacido.

¿Por qué la lecha materna es el complemento perfecto para el sistema inmune del recién nacido?

La leche materna provee una nutrición óptima al recién nacido, pero además de esto, contiene factores bioactivos que lo protegen de infecciones. Las tres proteínas que se encuentran en altas concentraciones en la leche materna y que tienen beneficios inmunológicos son: la inmunoglobulina A secretoria (anticuerpo IgA), la  lactoferrina y la lisozima. La IgA previene que se adhieran las bacterias a las paredes de las vías respiratorias del bebé o a las vías gastrointestinales, impidiendo así infecciones.

La lactoferrina previene el crecimiento de microorganismos porque compite por el hierro que necesitan. La lisozima inhibe el crecimiento bacteriano y actúa sinérgicamente con las propiedades antibacterianas de la IgA  y de la lactoferrina (6). Sin embargo, no solo hay proteínas en la leche materna. La leche materna, y en especial, el calostro, contiene grandes cantidades de células conocidas como neutrófilos y macrófagos que pueden fagocitar microorganismos e influencian la respuesta inmune del recién nacido (7).

Además, la alimentación con leche materna puede proteger al bebé de desarrollar alergias posteriormente, en especial la rinitis alérgica (7). También el riesgo a padecer de enfermedad celiaca se reduce cuando el niño es amamantado con leche materna. Por esto, se recomienda que la introducción de alimentos con gluten a la dieta del recién nacido tenga lugar mientras estos aún reciben leche materna (8).

La leche materna complementa perfectamente las alteraciones inmunológicas que presenta el recién nacido durante los primeros meses de vida. A través de la leche materna, el bebé recibe de su mamá células con adecuada capacidad fagocítica y anticuerpos de tipo IgA, productos de la experiencia inmunológica de la madre. Estos  permiten al bebé defenderse de los virus y las bacterias mientras que su propio sistema inmune adquiere la madurez necesaria para protegerlo adecuadamente.

“Con la colaboración de la Dra. Estibalitz Laresgoiti Servitje.
Médico especialista en Psiconeuroinmunologia e Inmunologia Reproductiva”

1.         Giannoni E, Guignard L, Knaup Reymond M, Perreau M, Roth-Kleiner M, Calandra T, et al. Estradiol and Progesterone Strongly Inhibit the Innate Immune Response of Mononuclear Cells in Newborns. Infect Immun. 2011;79(7):2690-8.
2.         Chilmonczyk BA, Levin MJ, McDuffy R, Hayward AR. Characterization of the human newborn response to herpesvirus antigen. J Immunol. 1985;134(6):4184-8. Epub 1985/06/01.
3.         De Wit D, Olislagers V, Goriely S, Vermeulen F, Wagner H, Goldman M, et al. Blood plasmacytoid dendritic cell responses to CpG oligodeoxynucleotides are impaired in human newborns. Blood. 2004;103(3):1030-2.
4.         Sadeghi K, Berger A, Langgartner M, Prusa A-R, Hayde M, Herkner K, et al. Immaturity of Infection Control in Preterm and Term Newborns Is Associated with Impaired Toll-Like Receptor Signaling. The Journal of Infectious Disease. 2007;195(2):296-302.
5.         Rich R, Fleisher T, Shearer W, Kotzin B, Jr HS. Clinical immunology. Principles and Practice. 2nd ed. London, England: Mosby International Limited; 2001.
6.         Lovelady CA, Hunter CP, Geigerman C. Effect of exercise on immunologic factors in breast milk. Pediatrics. 2003;111(2):E148-52. Epub 2003/02/04.
7.         Jackson KM, Nazar AM. Breastfeeding, the Immune Response, and Long-term Health. JAOA: Journal of the American Osteopathic Association. 2006;106(4):203-7.
8.         Sollid LM. Breast milk against coeliac disease. Gut. 2002;51(6):767-8.