SÍNDROME DE HURLER O MPS I: ¿QUÉ ES Y CÓMO SE TRATA?

¿QUÉ ES EL SÍNDROME DE HURLER, ENFERMEDAD DE HURLER O MPS I?

El síndrome de Hurler, también llamado enfermedad de Hurler o mucopolisacaridosis tipo I, es una enfermedad genética rara que está presente desde el nacimiento. 

Forma parte de un grupo de enfermedades llamadas “mucopolisacaridosis”, en las que el cuerpo no puede descomponer correctamente ciertas sustancias  que, normalmente, deben reciclarse dentro de las células.

En la MPS I falta, o funciona muy poco, una enzima llamada alfa-L-iduronidasa

Esta enzima ayuda a degradar unas moléculas llamadas glucosaminoglicanos o GAGs, especialmente el dermatán sulfato y el heparán sulfato. 

Cuando estas sustancias no se eliminan, se acumulan poco a poco en las células y pueden dañar muchos órganos, como el corazón, los pulmones, los huesos, los ojos y, en las formas más graves, también el cerebro.  

La MPS I puede presentarse con distinta gravedad. La forma más severa se conoce como síndrome de Hurler, mientras que las formas más leves o de evolución más lenta se conocen como MPS I atenuada

Hoy se prefiere hablar de un “espectro” de la enfermedad, porque no siempre existen límites claros entre una forma y otra.  

¿POR QUÉ ES IMPORTANTE DETECTAR LA ENFERMEDAD DE HURLER A TIEMPO?

La detección temprana es fundamental porque la MPS I es una enfermedad progresiva: los síntomas pueden ser leves o incluso no notarse al nacimiento, pero el daño en los órganos puede avanzar con el tiempo.

En los casos severos, iniciar el tratamiento en los primeros meses o años de vida puede ayudar a preservar mejor el desarrollo neurológico, mejorar la supervivencia y reducir algunas complicaciones respiratorias, cardiacas y de crecimiento. 

Por eso, en algunos países la MPS I ya forma parte del tamiz neonatal, aunque siempre se requieren pruebas confirmatorias después de un resultado sospechoso.  

¿QUÉ SON LAS ENZIMAS Y POR QUÉ SON IMPORTANTES PARA LA ENFERMEDAD DE HURLER?

Las enzimas son proteínas que funcionan como herramientas del cuerpo. Ayudan a que ocurran miles de reacciones químicas dentro de las células. 

Algunas enzimas sirven para transformar nutrientes y otras para descomponer moléculas grandes que el cuerpo necesita reciclar.

Cuando falta una enzima, como ocurre en la MPS I, ciertas sustancias no se degradan correctamente. 

En lugar de eliminarse, se quedan atrapadas dentro de las células y alteran su funcionamiento.

¿QUÉ SON LAS ENFERMEDADES LISOSOMALES DE ACUMULACIÓN (MPS)?

Las células tienen pequeños compartimentos llamados lisosomas, que funcionan como centros de reciclaje. 

Ahí se descomponen moléculas que el cuerpo ya no necesita o que deben reutilizarse.

La MPS I se llama enfermedad lisosomal de acumulación porque los GAGs que no se transforman por la falta de una enzima,se quedan acumulados dentro de los lisosomas. 

Con el tiempo, esta acumulación afecta tejidos y órganos, causando una enfermedad multisistémica, crónica y progresiva.  

¿CON QUÉ FRECUENCIA OCURRE LA ENFERMEDAD DE HURLER O MPS I?

La MPS I es una enfermedad rara. 

Se estima que ocurre aproximadamente en 1 de cada 100,000 nacimientos, aunque la frecuencia puede variar según el país, la población estudiada y los métodos de diagnóstico utilizados.  

¿CUÁL ES LA CAUSA DE LA MPS I O ENFEREDAD DE HURLER?

La causa de la MPS I es un cambio o mutación en el gen IDUA, ubicado en el cromosoma 4. 

Este gen contiene las instrucciones para producir la enzima alfa-L-iduronidasa.

Cuando ambas copias del gen tienen alteraciones, el cuerpo no produce suficiente enzima funcional. Como resultado, los GAGs se acumulan y dañan progresivamente diferentes órganos.  

¿CÓMO SE HEREDA LA ENFERMEDAD DE HURLER O MPS I?

La MPS I se hereda de forma autosómica recesiva. Esto significa que un niño necesita recibir dos copias alteradas del gen IDUA, una de cada padre, para desarrollar la enfermedad.

Cuando ambos padres son portadores, en cada embarazo existe:

  • 25% de probabilidad de que el bebé tenga MPS I;
  • 50% de probabilidad de que sea portador sin síntomas;
  • 25% de probabilidad de que no tenga la enfermedad ni sea portador.

El consejo genético es muy importante para las familias con antecedentes de MPS I o con un hijo diagnosticado.

¿CÓMO SE CLASIFICA LA ENFERMEDAD DE HURLER O MPS I?

Antes se usaban tres nombres: Hurler, Hurler-Scheie y Scheie. Actualmente se prefiere clasificar la enfermedad como un espectro:

MPS I severa o síndrome de Hurler: inicia temprano, progresa rápido y puede afectar el desarrollo neurológico si no se trata a tiempo.

MPS I atenuada: progresa más lentamente. La inteligencia suele ser normal, aunque algunas personas pueden presentar dificultades de aprendizaje o problemas físicos importantes.

Esta clasificación ayuda al equipo médico a decidir cuál es el mejor tratamiento y cuándo iniciarlo.  

¿CUÁLES SON LOS SIGNOS Y SÍNTOMAS DE LA ENFERMEDAD DE HURLER O MPS I?

La MPS I puede afectar muchas partes del cuerpo. No todos los pacientes presentan los mismos síntomas ni con la misma intensidad.

En el crecimiento, los niños con formas severas pueden crecer rápido al principio, pero después el crecimiento se desacelera y aparece talla baja. 

En las formas atenuadas, la estatura puede estar más cerca de lo normal.

En el desarrollo, la forma severa puede causar deterioro neurológico progresivo si no se trata oportunamente. 

En las formas atenuadas, la inteligencia suele conservarse, aunque puede haber dificultades escolares.

En la cara y la cabeza, pueden aparecer rasgos faciales más gruesos con el tiempo, lengua grande, dientes pequeños o con esmalte débil, cuello corto y cambios en la forma de la cabeza.

En huesos y articulaciones, son frecuentes la rigidez, la limitación del movimiento, alteraciones de la columna, mano en garra y síndrome del túnel carpiano, incluso en niños.

En el sistema respiratorio, puede haber ronquido, respiración ruidosa, apnea del sueño, infecciones respiratorias frecuentes y obstrucción de la vía aérea superior.

En el corazón, son comunes los problemas en las válvulas cardiacas. En algunos casos puede haber enfermedad del músculo del corazón o complicaciones relacionadas con problemas respiratorios.

En los ojos, puede presentarse opacidad de la córnea, glaucoma o afectación de la retina. Estos problemas pueden disminuir la visión.

En la audición, son frecuentes las otitis repetidas y la pérdida auditiva, que puede afectar el lenguaje y el aprendizaje si no se detecta a tiempo.

También pueden aparecer hernias umbilicales o inguinales, diarrea o estreñimiento, aumento del tamaño del hígado y del bazo, piel más gruesa o vello abundante.  

¿CÓMO SE DIAGNOSTICA LA ENFERMEDAD DE HURLER O MPS I?

El diagnóstico puede ser difícil porque muchos bebés parecen sanos al nacer. 

La sospecha suele aparecer cuando hay hernias, infecciones respiratorias frecuentes, ronquido, rigidez articular, rasgos físicos característicos, retraso en el desarrollo o problemas de crecimiento.

Para confirmar el diagnóstico se utilizan estudios de laboratorio:

La prueba en orina puede mostrar aumento de GAGs. Sirve como orientación, aunque no siempre confirma por sí sola.

La prueba enzimática mide la actividad de la alfa-L-iduronidasa en sangre u otras muestras. Una actividad muy baja sugiere MPS I.

Las pruebas genéticas buscan mutaciones en el gen IDUA. Son útiles para confirmar el diagnóstico, estudiar a la familia y planear futuros embarazos.

En el tamiz neonatal, la prueba inicial suele medir la actividad de la enzima IDUA. Sin embargo, un resultado alterado no siempre significa que el bebé tenga MPS I, ya que pueden existir falsos positivos, portadores o variantes llamadas pseudodeficiencias. Por eso se necesitan estudios confirmatorios.  

¿SE PUEDE HACER DIAGNÓSTICO PRENATAL DE LA ENFERMEDAD DE HURLER O MPS I?

Sí. Cuando ya se sabe que existe riesgo en la familia, puede realizarse diagnóstico prenatal mediante biopsia de vellosidades coriales, generalmente entre las semanas 10 y 12 del embarazo, o mediante amniocentesis, alrededor de la semana 15 o 16.

En estas muestras se puede estudiar la actividad enzimática o buscar las mutaciones familiares conocidas en el gen IDUA. 

La indicación exacta debe decidirse con un especialista en genética.

¿PARA QUÉ SIRVE EL CONSEJO GENÉTICO EN EL CASO DE LA ENFERMEDAD DE HURLER O MPS I?

El consejo genético ayuda a la familia a entender cómo se hereda la enfermedad, cuál es el riesgo en futuros embarazos, quiénes podrían ser portadores y qué opciones reproductivas existen.

En algunos centros también puede hablarse de diagnóstico genético preimplantacional, una técnica que permite analizar embriones antes de la implantación en tratamientos de fertilidad.

¿CON QUÉ ENFERMEDADES SE PUEDE CONFUNDIR LA ENFERMEDAD DE HURLER O MPS I?

La MPS I puede parecerse a otras mucopolisacaridosis y a otros trastornos lisosomales. 

Estas enfermedades pueden compartir síntomas como rasgos faciales característicos, rigidez articular, infecciones respiratorias, aumento del hígado y bazo, problemas óseos o alteraciones del desarrollo.

Por eso, la confirmación con prueba enzimática y genética es esencial.

¿CUÁL ES EL TRATAMIENTO ACTUAL DE LA ENFERMEDAD DE HURLER O MPS I?

El tratamiento debe estar a cargo de un equipo multidisciplinario. 

Pueden participar especialistas en genética, pediatría, cardiología, neumología, otorrinolaringología, ortopedia, neurología, oftalmología, fisioterapia, anestesia y rehabilitación.

Actualmente existen dos tratamientos específicos principales: el trasplante de células madre hematopoyéticas y la terapia de reemplazo enzimático con laronidasa

Ambos pueden mejorar el curso de la enfermedad, pero no eliminan todos los problemas.  

¿SE CONSIDERA EL TRASPLANTE DE CÉLULAS MADRE HEMATOPOYÉTICAS COMO TRATAMIENTO DE LA ENFERMEDAD DE. HURLER O MPS I?

El trasplante de células madre hematopoyéticas, también llamado TCMH, TMO o HSCT, es considerado el tratamiento estándar para muchos niños con MPS I severa o síndrome de Hurler, especialmente cuando se realiza de manera temprana.

Su objetivo es que las células trasplantadas produzcan la enzima que falta y ayuden a disminuir la acumulación de GAGs. 

Cuando se hace a tiempo, puede mejorar la supervivencia, el crecimiento, algunos problemas respiratorios y cardiacos, y ayudar a preservar mejor la función neurológica.  

Sin embargo, no es una cura completa. Puede tener riesgos importantes, como infecciones, rechazo, enfermedad injerto contra huésped y otras complicaciones.

Además, algunos problemas óseos, articulares, oculares o de movilidad pueden persistir.

¿QUÉ ES LA TERAPIA DE REEMPLAZO ENZIMÁTICO CON LARONIDASA PARA LA ENFERMEDAD DE HURLER O MPS I?

La laronidasa, conocida comercialmente como Aldurazyme, es una terapia de reemplazo enzimático aprobada para la MPS I. Se administra por infusión intravenosa de forma periódica.

Este tratamiento aporta una versión de la enzima que falta y puede ayudar a mejorar manifestaciones del cuerpo, como algunos problemas respiratorios, crecimiento, movilidad, tamaño del hígado y del bazo, y niveles de GAGs. 

Sin embargo, no cruza bien la barrera que protege al cerebro, por lo que su efecto sobre los síntomas neurológicos de la forma severa es limitado.  

La laronidasa puede usarse sola en algunas formas atenuadas o como apoyo antes o después del trasplante, según el caso.

¿QUÉ TRATAMIENTOS NUEVOS SE ESTÁN INVESTIGANDO PARA LA ENFERMEDAD DE HURLER O MPS I?

Existen investigaciones activas sobre terapias génicas y otras estrategias para llevar la enzima o el gen IDUA a tejidos difíciles de tratar, como el sistema nervioso central.

Un ejemplo es RGX-111, una terapia génica experimental diseñada para llevar una copia funcional del gen IDUA al sistema nervioso central. 

Sin embargo, estos tratamientos todavía están en investigación y deben evaluarse cuidadosamente por seguridad y eficacia. 

En 2026 se reportó una suspensión clínica temporal en Estados Unidos relacionada con RGX-111 tras la detección de un tumor cerebral en un participante del estudio, lo que muestra la importancia de la vigilancia estricta en terapias experimentales.  

Por ahora, estas terapias no sustituyen los tratamientos aprobados y solo deben considerarse dentro de protocolos clínicos autorizados.

¿LA DIETA PUEDE CURAR LA ENFERMEDAD DE HURLER O MPS I?

No. Actualmente no existe evidencia de que una dieta específica cure la MPS I o detenga la acumulación de GAGs.

La alimentación puede adaptarse a las necesidades del niño, por ejemplo si tiene problemas para masticar, tragar, ganar peso o manejar secreciones. 

Estas decisiones deben tomarse con el equipo médico y de nutrición.

¿QUÉ CUIDADOS DE SOPORTE SON IMPORTANTES PARA EL TRATAMIENTO DE LA ENFERMEDAD DE HURLER O MPS I?

Además del tratamiento específico, muchas personas con MPS I necesitan cuidados para controlar síntomas y prevenir complicaciones.

Puede ser necesario tratar infecciones respiratorias, apnea del sueño, problemas cardiacos, dolor articular, rigidez, problemas auditivos, alteraciones visuales, hernias o dificultades digestivas.

La fisioterapia, la hidroterapia y la rehabilitación ayudan a mantener movilidad, fuerza, postura y función respiratoria. También pueden mejorar la calidad de vida y la independencia.

Es importante evitar la automedicación. Algunos medicamentos, especialmente sedantes o fármacos que deprimen la respiración, pueden ser peligrosos en personas con apnea o vía aérea estrecha.

¿POR QUÉ  EN LA ENFERMEDAD DE HURLER O MPS I LA ANESTESIA REQUIERE CUIDADO ESPECIAL?

Las personas con MPS I pueden tener cuello corto, rigidez cervical, vía aérea estrecha, lengua grande, problemas respiratorios y alteraciones del tórax. 

Por eso, la anestesia puede ser más difícil y riesgosa.

Cualquier cirugía o procedimiento que requiera anestesia debe planearse con un equipo experimentado en enfermedades metabólicas o mucopolisacaridosis.

¿CUÁL ES EL PRONÓSTICO DE LA ENFERMEDAD DE HURLER O MPS I?

El pronóstico depende de la gravedad de la enfermedad, la edad al diagnóstico, el inicio del tratamiento y las complicaciones presentes.

En la MPS I severa, sin tratamiento oportuno puede haber deterioro neurológico progresivo y complicaciones cardiopulmonares graves. 

Con diagnóstico temprano, trasplante y seguimiento integral, la supervivencia y calidad de vida pueden mejorar, aunque muchas personas continúan teniendo retos óseos, articulares, visuales o respiratorios.

En la MPS I atenuada, muchas personas llegan a la adultez, aunque pueden presentar problemas físicos importantes que requieren seguimiento médico de por vida.  

EN EL CASO DE LA ENFERMEDAD DE HURLER O MPS I, ¿CUÁNDO CONSULTAR AL MÉDICO?

Se recomienda buscar valoración médica si un bebé o niño presenta varios de estos signos: hernias, infecciones respiratorias frecuentes, ronquido intenso, apnea del sueño, rigidez articular, retraso en el desarrollo, pérdida auditiva, opacidad en los ojos, aumento del abdomen por hígado o bazo grandes, o cambios progresivos en los rasgos faciales.

El diagnóstico temprano puede cambiar de forma importante el manejo y el pronóstico.

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